El mundo puede acabar mañana. Pero un puñado de ricachones pretende sobrevivir a toda costa

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El mundo tal y como lo conocemos se puede acabar por una enfermedad ahora desconocida que aniquile a la raza humana… o que nos convierta en zombis caníbales. Puede acabar por una guerra atómica y un invierno eterno bajo nubes de radiación letal. Puede acabar cuando los robots cobren conciencia y se rebelen contra su esclavitud. Puede acabar por un ataque terrorista con armas biológicas que arruinen para siempre las cosechas y nos maten de hambre.

El mundo, tal y como lo conocemos, puede acabar mañana. Pero un puñado de ricachones estadounidenses pretende sobrevivir. Y llevan años ya preparándose para ello.

Tienen un plan. Y ni usted ni yo recibiremos un ticket para su arca de Noé.

Douglas Rushkoff escribe libros, produce series de televisión y películas, y es uno de los intelectuales más reputados en cuanto al análisis de cómo somos y lo que nos espera. El año pasado fue invitado a una mansión de lujo para dar una conferencia y responder a las preguntas de cinco millonarios en Silicon Valley cuya identidad no desveló. En esencia, lo que querían saber, entre otras cosas, es como prepararse para el Evento.

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El Evento. Con mayúsculas. Como explica Rushkoff, el Evento no es otra cosa que el fin del mundo, precipitado en los temores de estos millonarios por el avance tecnológico. No se trata de un miedo etéreo, pero aunque lo fuera, su manera de combatirlo es muy real: en los últimos meses, por ejemplo, siete empresarios de Silicon Valley (su identidad no ha trascendido) han transportado sendos refugios anti-todo hasta Nueva Zelanda, según la empresa que los construye, Rising S Co.

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¿Por qué Nueva Zelanda? “No tiene enemigos”, explica su director, Gary Lynch, a la agencia de noticias Bloomberg. “No es objetivo nuclear, no es objetivo en caso de guerra, es un lugar donde la gente busca refugio”, añade. Esta isla oceánica aislada del mundo entero y a 2.500 millas de la costa australiana tiene 4,5 millones de habitantes y el doble de ovejas, según resalta Bloomberg. Es un paraíso natural en el que las casa son relativamente baratas y no parece pasar nada (y cuando pasa, no es tan malo).

Un puñado de millonarios estadounidenses (incluido el director de cine James Cameron, famoso por la película Titanic) han comprado allí enormes mansiones y propiedades. Para conseguir un visado de inversor hace falta desembolsar casi siete millones de dólares. El año pasado se emitieron 17 de estos visados a estadounidenses, casi el triple que en años anteriores.

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En al menos tres fiestas celebradas en Silicon Valley, los invitados discutieron como salvarse del Evento, según Bloomberg. Un empresario contó, por ejemplo, que tenía una motocicleta con una bolsa llena de armas, que le llevaría hasta su avión privado con el que volar a Nevada. Allí le espera otro avión, comprado a medias con otros cuatro millonarios y preparado para volar a Nueva Zelanda.

En las maletas, armas, antibióticos, baterías, agua, mantas, tiendas y máscaras e gas. Todo escondido en bunkers que cuestan millones de dólares y sólo pueden localizarse con tecnología GPS. Todo lo necesario para sobrevivir…

¿Todo?

No.

Si un meteorito impacta contra el planeta, el tsunami resultante podría engullir Nueva Zelanda. Quizá el dinero, al fin y al cabo, no lo pueda comprar todo.

Vía|Noticias Telemundo