La maldición de 200 mil prostitutas en el lugar más triste

Cuando mencionas el cruce de Ly Tu Trong a cualquier taxista de Hanoi es muy probable que frunza el ceño y te mire de arriba abajo. Muchos de ellos tratarán de salir al paso diciendo que no lo conocen, incluso tras mostrarles una foto de dicha intersección o indicar la ruta en el mapa, a unos 20 kilómetros de la capital de Vietnam. «Si quiere ir a un club, conozco un lugar mejor», dicen algunos. Al final, si ofreces medio millón de dongs (unos 20 euros) cualquier conductor recuerda el camino.

En el trayecto es fácil comprobar lo evidente que puede resultar la prostitución en Vietnam, pero también lo ilegal que es. Además de algún puesto de comida, viviendas y varios talleres de motocicletas, lo que puede leerse constantemente son las palabras ‘Nha Nghi’, casi siempre en neones. Se trata de hoteles por horas para parejas, pero lo más común es que se utilicen para el mercadeo de sexo. Se estima que en Vietnam hay más de 200.000 personas empleadas en la prostitución, pese a que el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales afirma que son muchas menos.

El taxista detiene el coche frente al cruce de Ly Tu Trong con Minh Khai. A partir de ahí, se extienden dos manzanas con las calles sin asfaltar en las que se apelotonan un buen puñado de hoteles por horas medio derruidos. Entramos en uno de ellos y hay seis tipos sin camiseta bebiendo licores vietnamitas y jugando a las cartas. Son las 2 de la madrugada.

—¿Queréis chicas? —dice uno de los hombres locales levantándose de la mesa y cogiendo un trozo de tubería —subid conmigo.

Habla en su idioma con quien me acompaña. En la segunda planta atravesamos un par de habitaciones con muebles rotos y sábanas desgastadas con dibujos de Hello Kitty. El bochorno es asfixiante sin aire acondicionado en la época más calurosa del año.

En la tercera planta, el presunto proxeneta abre una puerta y enciende una luz. En unos 25 metros cuadrados hay hacinadas una docena de chicas dormitando en el suelo. Se despiertan sobresaltadas, alguna incluso trata de quitarse las legañas.

—Venga, todas arriba —les dice señalándolas con la tubería antes de dirigirse a mi intérprete—, ¿cuál os gusta? Por 15 euros, la que queráis.

Nos disculpamos y decimos no estar interesados. Rápidamente, bajamos a la entrada y el resto de hombres nos mira con extrañeza. Uno se levanta y nos pone una mano encima. «Aquí no se va nadie sin pagar». Finalmente, nos zafamos y volvemos a la calle con el suelo de tierra y sin iluminación pública. Ojeamos algunos locales más con algo más de discreción. En todos ellos, la misma estampa.

Fuera de los circuitos del turismo del sexo

El norte de Vietnam no aparece destacado en las páginas en Internet donde se reseñan los lugares de turismo sexual. La reputación de países-burdel se la llevan otros vecinos del sureste de Asia, como Tailandia, Filipinas o Camboya. Y si se habla del país comunista, como mucho se comenta la antigua Saigón. Vietnam ha sabido muy bien venderse en el mundo como un destino alejado de la industria del sexo, y el sambenito se lo han llevado sus vecinos.

Sin embargo, ni siquiera en las zonas rurales de Tailandia o en las islas remotas de Filipinas se ven imágenes tan terribles como la de la intersección de Ly Tu Trong, donde la explotación de las mujeres por parte de los mercaderes no se esconde. Quizás el turista extranjero que desee pagar por sexo en el Hanoi turístico lo tendrá difícil y le saldrá caro. Pero los hombres locales lo tienen muy fácil en la trastienda de la ciudad.

El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de Vietnam solo recuerda que la prostitución es ilegal y un delito muy grave, si bien es esquivo al tratar el problema. No acostumbran a dar muchas cifras, pero en 2011 por ejemplo afirmaron que se arrestó tan solo 750 prostitutas y a 300 proxenetas. La cifra es clave no por el escaso número de detenciones, sino por la gran proporción de hombres. En Vietnam los hombres proxenetas tienen un papel clave y desproporcionado comparado con otros mercados del sexo en la región.

Prostitución forzada

Empower, la asociación tailandesa más grande en pro de los derechos de los trabajadores sexuales, explica que el caso en Vietnam es muy diferente al del estado donde ellos operan. Si bien defienden que el grueso de prostitutas en Tailandia actúan mayoritariamente de forma voluntaria e independiente, afirman que en Vietnam la figura del explotador es muy habitual. El Centro de Estudios de Desarrollo concluye también que es muy “común” que la prostitución en el país de origen comunista sea “forzada”.

En la mayoría de casos, la prostitución se camufla en otro tipo de negocios orientados al ocio. La ciudad de Haiphong, también en el norte del país, es conocida por su actividad industrial internacional. Antes copada por firmas japonesas, ahora los coreanos dominan barrios enteros, con marcas de la talla de LG o Samsung produciendo allí.

Los guetos coreanos están repletos de restaurantes de barbacoa y kimchi y, cómo no, de karaokes y bares de chicas de compañía. En ellos, la prostitución es evidente pero también a precios mucho más elevados que en otros países de la zona. Sin embargo, a menos de una hora por carretera se encuentra Do Son, una fea localidad costera conocida por su actividad sexual, un secreto a voces que pasa de la boca de los hombres locales a los oídos de los asiáticos que trabajan en Haiphong.